Me pides que diga como eres
Cuando sabes que junto a ti
Sólo respiro perfumes
De rosas y claveles.
Te contemplo y siento que eres eterna
Como eterno es el sol.
Eres el ave prodigiosa que inspira.
Eres el Ángel que camina sobre la tierra
Para que los hombres sepan que es el Amor.
Qué dulce, qué hermosa, que grata
Ha de ser la existencia del hombre
Que logre aprisionar tu corazón.
¡Tu corazón! … ¿Cómo será tu corazón?
¿Tal vez como el rojo rubí?
¿Tal vez como el sol que ciega a quien lo mira?
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lunes, 6 de diciembre de 2010
martes, 24 de agosto de 2010
La Anciana
La Anciana
Por SARA GARFINKEL
La vi como perdida, con la mirada fija en el horizonte marino. Bajé a la playa y me acerqué a ayudarla.
Le pregunté que buscaba. Dio vuelta su cabeza cubierta de cabello cano y me miró con sus ojos de color madreselva, asombrosamente jóvenes y vivaces que no armonizaban con su muchos años. Con dulce voz me respondió de esta manera:
“¿Qué estoy buscando?
La música que deleita
Que me eleva al cielo
Aunque tenga nubes
Gozo con la música
Que me brinda el viento en las hojas,
Que mece las aguas,
Que riega y fertiliza la tierra
El agua que corre por los ríos
El agua que se va al océano
Para encontrar otros rumbos”
“¿Qué estoy buscando?
¿Amistad? La tengo y me gratifica
¿Amor? Vivo rodeada de ello
Entonces se van mis angustias
No me quedo sola
Porque tengo el deseo
De gozar de la vida.”
Por SARA GARFINKEL
La vi como perdida, con la mirada fija en el horizonte marino. Bajé a la playa y me acerqué a ayudarla.
Le pregunté que buscaba. Dio vuelta su cabeza cubierta de cabello cano y me miró con sus ojos de color madreselva, asombrosamente jóvenes y vivaces que no armonizaban con su muchos años. Con dulce voz me respondió de esta manera:
“¿Qué estoy buscando?
La música que deleita
Que me eleva al cielo
Aunque tenga nubes
Gozo con la música
Que me brinda el viento en las hojas,
Que mece las aguas,
Que riega y fertiliza la tierra
El agua que corre por los ríos
El agua que se va al océano
Para encontrar otros rumbos”
“¿Qué estoy buscando?
¿Amistad? La tengo y me gratifica
¿Amor? Vivo rodeada de ello
Entonces se van mis angustias
No me quedo sola
Porque tengo el deseo
De gozar de la vida.”
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amistad,
amor frustrado,
anciana,
gozar,
vivir
lunes, 16 de agosto de 2010
TIMIDEZ
Maria Luján lo vio marcharse. Él no se dio vuelta y ella tuvo tiempo de pensar.
¡Cuánto lo amaba! Estaba segura que él sentía lo mismo por ella.
Seguía pensando… hacia tanto tiempo que se conocían.
Él le había regalado un libro. Luego le pidió que lo acompañara a un concierto.
Así fue pasando el tiempo. Él le ayudó a crecer con la lectura de buenos libros, la asistencia a conciertos y cuantos acontecimientos culturales se presentaban.
Siempre estaban juntos. María Luján esperaba de él un gesto, una declaración de su amor hacia ella. Pero era tan tímido…, eran tan tímidos los dos.
¡Cómo deseaba sentirse estrechada entre sus brazos, recibir una caricia de él!
Pero sus caracteres no los ayudaban.
Lo vio partir con mucha pena en sus ojos. Sus lágrimas se deslizaron por sus mejillas y él no lo supo. Nunca sabría que ella lloraba por él, por su timidez, por su cortedad de ánimo.
Lo que Maria Luján nunca sabría es que lloraba por ella también, por su incapacidad de llamarlo y decirle… “¡vuelve amor, vuelve, que te amo y te necesito!”
¡Cuánto lo amaba! Estaba segura que él sentía lo mismo por ella.
Seguía pensando… hacia tanto tiempo que se conocían.
Él le había regalado un libro. Luego le pidió que lo acompañara a un concierto.
Así fue pasando el tiempo. Él le ayudó a crecer con la lectura de buenos libros, la asistencia a conciertos y cuantos acontecimientos culturales se presentaban.
Siempre estaban juntos. María Luján esperaba de él un gesto, una declaración de su amor hacia ella. Pero era tan tímido…, eran tan tímidos los dos.
¡Cómo deseaba sentirse estrechada entre sus brazos, recibir una caricia de él!
Pero sus caracteres no los ayudaban.
Lo vio partir con mucha pena en sus ojos. Sus lágrimas se deslizaron por sus mejillas y él no lo supo. Nunca sabría que ella lloraba por él, por su timidez, por su cortedad de ánimo.
Lo que Maria Luján nunca sabría es que lloraba por ella también, por su incapacidad de llamarlo y decirle… “¡vuelve amor, vuelve, que te amo y te necesito!”
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